| EL TREN DE HUNUCMÁ.-Remembranzas- |
|
|
|
| Escrito por Yucatan | |||||||
|
César González Rosado. Desde la estación de Umán a lo lejos por una gran curva, se veía llegar el tren de pasajeros de Hunucmá como si fuera un ciempiés de larga cabellera de humo negro que salía de la chimenea y se extendía sobre el convoy. Todas las mañanas a la siete, arribaba con sus tres vagones repletos de pasajeros y un cabús detrás de la locomotora de vapor. En el andén, las mestizas ataviadas con hipiles y rebozos de Santa María, ofrecían sus variadas ventas que impregnaban el ambiente de olores y sabores deliciosos. Al detenerse el tren los pregones de las muchachas no se hacían esperar: panuchos, salbutes, codzitos, tacos de venado y atole nuevo para el desayuno. La mirada ansiosa y el olfato del viajero asomado por la ventanilla del vagón devoraban los deliciosos antojitos regionales antes de llevárselos a la boca. No faltaba el coqueteo con las guapas muchachas del pueblo, que dejaban escapar en amables sonrisas las luces perlinas de sus blancos dientes en complacencia al forastero. -¡Jefe!, gritaba el mensajero del cabús, -¡aquí está tu sabucán! La bolsa de henequén contenía patos de mar, pescado, o huevas de lisa, a veces pulpos y otros productos del cercano puerto de Sisal, que don Efraín, el jefe de estación, cocinaba con sazón regional para el disfrute de su familia y a veces de algunos invitados. En ocasiones abordábamos el tren con rumbo a Mérida distante pocos kilómetros y después de cuarenta minutos bajábamos en el paradero de Itzimná. Cierto día por alguna razón, Pisita decidió llegar hasta la estación central, pero al entrar el tren reculando hacia los andenes de pronto el último vagón en el que viajábamos, descarriló y entre saltos, golpes, gritos de la gente y con el empuje de la locomotora que tardó en frenar, volcó con un giro espectacular quedando con las ruedas hacia arriba. Sentí que volaba por el aire en una gran maroma como las que hacen los trapecistas en el circo. En un instante yacía tendido encima de vidrios rotos y en medio de una nube de polvo que nos cegaba. Quizá por la fuerza del instinto de conservación me incorporé como pude y caminando por entre los escombros y evitando a algunas personas heridas, escapé por la puerta que estaba al revés. ¿Cuánto tiempo tarde en salir?... No lo sé, pero al ver de nuevo la luz del día y en tanto nos repusimos del susto, llegaron los ambulantes de la Cruz Roja que prestaron, ahí mismo, los primeros auxilios a los heridos leves y se llevaron en sus ambulancias a los de mayor cuidado. Nosotros salimos ilesos. También llegó la prensa. Los periodistas nos entrevistaron y al día siguiente salieron nuestros nombres en los periódicos. Me sentí importante por ser noticia con mis compañeros de escuela, que no dejaron de comentar admirados mi gran aventura en el Tren de Hunucmá.
Powered by !JoomlaComment 3.26
3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved." |
|||||||
| < Anterior | Siguiente > |
|---|



Eventos por dia
Clima
Codigos Postales
Telefonos:




