| Las Haciendas de Yucatán |
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| Escrito por alain | |
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Texto: Luis Millet Cámara
En la historia de las haciendas mexicanas llaman la atención las que se asentaron en el península de Yucatán, pues su creación y posterior desarrollo se dieron en condiciones muy especiales. Durante los primeros años de la Colonia se fueron estableciendo en las cercanías de las poblaciones españolasde la península yucateca-Campeche, Valladolid y Mérida- algunas estancias ganaderas que satisfacían con sus productos las necesidades de los nuevos habitantes. En Yucatán, donde se carecía de las minas tan apetecidas por los conquistadores, y donde otras empresas comerciales-como la producción del añil-encontraron múltiples obstáculos para su expansión, las estancias ganaderas, que requerían de poca inversión, tierras de regular calidad y un mínimo de mano de obra, se convirtieron en la alternativa más viable para canalizar los excedentes que los encomenderos obtenían del tributo entregado por los indios (el tributo era anual y consistía en diversos productos, como el maíz y otros granos, mantas de algodón, etcétera). En el transcurso del siglo XVII las estancias fueron creciendo en extensión y número, teniendo que situarse en regiones cada vez más apartadas de los centros de población importantes, pero su actividad primordial siguió siendo la producción de ganado, aunque desde fechas tempranas la miel y la cera se agregaron como productos secundarios. Este crecimiento de las estancias coincidió con un marcado descenso de la población indígena, y así muchas tierras pertenecientes a los pueblos fueron adquiridos por los estancieros (aunque éstos, les permitían a los indígenas contar con los recursos necesarios para seguir pagando los tributos). En esos años el abasto de maíz y otros granos dependía, en su mayor parte, de la producción de los pueblos indígenas. Estos alimentos llegaban a los centros españoles, por medio de los tributos. Por eso cuando la Corona intentó suprimir la encomienda en Yucatán y simultáneamente se dictaron las medidas que prohibían el trabajo forzado que algunos españoles utilizaban para el cultivo del maíz y el algodón o para la extracción de la sal, sobrevino la pérdida de gran parte de las cosechas y una fuerte crisis en la sociedad yucateca que tuvo como consecuencia una de las hambrunas más dramáticas de la historia de Yucatán. Luego de estos años de crisis, en algunas estancias se comenzó a producir maíz, seguramente para satisfacer los requerimientos del personal de la finca o los de los propietarios; esta ampliación de las actividades tradicionales se vio favorecida por la presencia de personas que carecían de tierras y que se veían obligadas a trasladarse; ya fuera para rentar tierras o como trabajadores permanentes, quedando posteriormente sujetos a las fincas por el sistema de deudas. Así se convirtieron en verdaderos pueblos, generalizándose el nombre de haciendas para designarlas. Ya durante el siglo XIX muchas de estas haciendas maicero-ganaderas (especialmente las de la región de Mérida) se transformaron en henequeneras, iniciándose así uno de los desarrollos agroindustriales más importantes de la historia de México. Y es que con el empleo de nuevas desfibradoras y la introducción de máquinas de vapor la producción henequenera se elevó enormemente (cabe recordar que hasta los primeros años de este siglo México era el único país que producía y exportaba la fibra). Esta bonanza se reflejó inmediatamente en las haciendas henequeneras, que alcanzaron entonces su máxima importancia, tanto económica como social. En la actualidad gran parte de aquellas imponentes construcciones han dejado de funcionar como unidades de producción y otras se encuentran en el abandono, pero afortunadamente algunas han sido restauradas por sus actuales dueños, y varias de ellas hoy están convertidas en lujosos hoteles o en hermosas residencias. Fuente: Tips de Aeroméxico No. 3 Yucatán / primavera 1997 |
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