| Altares Indigenas |
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| Escrito por YOL | ||
Fuente: Comisión Nacional para el Desarrollo de Pueblos Indigenas
![]() Altares indígenas Zapoteco Para recordar a los muertos adultos, se elaboran panes con figura de hombre o mujer con las iniciales de sus nombres; a los muertos “chiquitos” se les dedican panecillos. Durante la celebración, las campanas del pueblo repican constantemente, dando la bienvenida a todos los difuntos. Es costumbre que los ahijados visiten a sus padrinos y les lleven la “Gulelaguetza”, que consiste en velas, flores, champurrado, tamales y pan. Al concluir la visita, el ahijado tiene la obligación de rezar ante el altar. En Teococuilco de Marco Pérez, Oaxaca, el altar consta de dos mesas cubiertas por una manta negra. Sobre ella se colocan flores de cempaxúchitll, roscas de maguey, velas y, en la parte alta, la imagen de la patrona del pueblo. Huasteco En la comunidad huasteca de Tantoco, Veracruz, la celebración dedicada a los muertos da inicio el 18 de octubre, día de San Lucas. Es la fecha de la “Llegada de los difuntos” y se conoce como el “Día del Picón”, gracias al nombre de una comida huasteca. En la celebración se sacrifican gallinas, gallos, guajolotes o se compra carne de res para preparar con pipián, yerbabuena y chile verde; usualmente estas comidas no llevan manteca. También se acostumbra el corte de plátano de huerto. La comida se ofrenda frente al altar familiar, para ello el dueño de la casa busca a un rezandero, quien oficia una vigilia para llamar a los difuntos rezando el rosario. El 31 de octubre toda la familia participa en la puesta del altar y la ofrenda. El altar se pone en una mesa cubierta con un mantel, en torno a ella se alza un arco adornado con flores de muerto. Sobre la mesa se colocan floreros con bojolillo y “mano de león”, veladoras, imágenes de la Virgen de Guadalupe, San Miguel Arcángel y la Divina Providencia; como ofrendas se pone pan, tamales, chocolate y frutas colgadas del arco. Frente al altar se coloca una mesa más grande con la ofrenda: al difunto varón se le deja un morral nuevo con cosas para que se lo lleve; a la mujer una canasta con tamales y zacahuil. La ofrenda permanece dos días rodeada de sillas vacías para que sean ocupadas por los difuntos. Durante estos días se presentan las “Danzas de la Malinche” y “El Negrito Huasteco” frente a las casas. Maya de Hanal Pixan (Crónica) El Hanal Pixan o Comida de Animas es la celebración en la que se ofrenda comida y bebida a las ánimas de los fieles difuntos en Yucatán. Es un ritual especial y en su realización interviene toda la familia. Las mujeres son las encargadas de elaborar los alimentos y colocar el altar para las ofrendas. Los hombres excavan el agujero y realizan el muuk para hornear los mucbil pollos, platillo especial para esta ocasión. Es la Ceremonia de ceremonias realizada para honrar a nuestros ancestros, para establecer y mantener el vínculo entre vivos y muertos. La heredamos de nuestros padres y abuelos, quienes nos enseñaron la costumbre de respetar y recordar a los que se nos han adelantado en el camino. Al comenzar el otoño, en los días dedicados a celebrar a los difuntos, los yucatecos hermanamos nuestra memoria colectiva y, como cada año, realizamos el ritual de la muerte en un ambiente cálido en el que la generosidad, el trabajo en común y la religiosidad popular se unen para reafirmar nuestras raíces. El Hanal Pixan es celebrado por los yucatecos de todas las posiciones socioeconómicas, preferencias políticas, niveles educativos y credos. En el medio rural es una tradición viviente, los altares están en cada casa, el olor de las ofrendas aromatiza los pueblos, los rezos y las letanías los invaden de murmullos y las velas iluminan el paso de las ánimas. En las ciudades, los altares también están presentes, aunque con variaciones. Las familias los decoran según sus posibilidades económicas y apetencias culinarias, y así, por ejemplo, las flores silvestres tradicionales son sustituidas por gladiolas, claveles y crisantemos; los dulces, por pasteles y donas glaseadas; el atole y el balché, por vinos y licores. Hay familias que no elaboran sus altares pero no por ello dejan de celebrar estos días con una gran reunión familiar comiendo mucbil pollos y toda la gama de platillos que componen la tradición culinaria del Hanal Pixan. Pocos cocinan enterrando los alimentos ofrendados, la mayoría los cuece en hornos domésticos o los envía a las panaderías. De una u otra forma, mantenemos viva esta tradición y la reafirmamos anualmente, aunque muchos desconozcamos su origen. En la cultura yucateca todo es vida y la muerte es parte de ella. No es final, es inicio perpetuo. Ella nos precede y sucede; sin el deceso de nuestros ancestros no tendríamos vida. En Yucatán, la muerte es vista como continuidad, permanencia y renovación. Todos la cargamos, es nuestra compañera de viaje, nos alerta ante el peligro recordándonos a cada momento nuestra naturaleza mortal y limitada. Los yucatecos nos revaloramos en el Hanal Pixan, reconocemos nuestras sólidas raíces mayas y todas las influencias culturales que lo matizan. Recordemos que los españoles trajeron un catolicismo híbrido por el que se infiltraron a América desde las prácticas más antiguas de los pueblos celtas e iberos, hasta las medievales de musulmanes y judíos. Y que la población africana esclavizada también trajo su equipaje de creencias y dioses que acabó entretejido con el de los nativos. Por ello el Hanal Pixan en estas tierras ya no es una manifestación cultural homogénea sino una práctica llena de matices familiares, étnicos y de grupo. Tiene lugar los días 31 de octubre para las almas infantiles; 1o. de noviembre para las adultas; el 2 para los Fieles Difuntos, y se prolonga por ocho días en algunas comunidades. Desde unos días antes, panaderos, alfareros, comerciantes, carniceros y agricultores seleccionan y preparan para su venta los artículos y productos agrícolas que la tradición exige; las flores en los mercados encienden el ambiente de fiesta, mientras los marchantes los invaden para comprar hojas de plátano, xpéelon o frijol, masa nueva, carnes, condimentos, velas, incensarios, frutas y dulces tradicionales. Las Iglesias fortalecen sus actos litúrgicos y sus servicios. Las escuelas y los centros culturales de la capital y los municipios organizan concursos y muestras de altares del Hanal Pixan. Con días de anticipación, los familiares de los muertos acuden a los panteones para arreglar las tumbas; las limpian, les encienden velas, arreglan las cruces y las adornan con flores típicas de la temporada, predominando los colores amarillo y morado. Y dan comienzo los preparativos para hacer las ofrendas, cuya esencia nutrirá a los muertos. En mesas de uso cotidiano cubiertas con manteles limpios y bordados se pone la tradicional Cruz Verde, los retratos de los difuntos y la comida y bebidas que más apetecían en vida, acompañándolas con frutas, flores, velas, panes, cigarrillos, sal y un vaso con agua. Esto último es indispensable, pues el ánima viene sedienta de tan largo viaje y deberá ser alimentada para resistir tan duro esfuerzo. Por ello la ofrenda es generosa; además de los mucbil pollos o pibes se ofrecen platillos tradicionales como relleno negro, relleno blanco, frijol con puerco, escabeche oriental, mechado, puchero, tamales, chachak waajes, chile habanero, naranjas dulces, mandarinas, plátanos, yuca, camote, jícama, makal, dulces de coco, de pepita de calabaza, de cocoyol, ciricote en almíbar, calabaza melada, melcochas, arepas, panes dulces y miel. En algunas comunidades del sur, centro y oriente del estado, es costumbre colocar velas en las albarradas para iluminar el trayecto de las ánimas, e impedir que sean molestadas por los demonios. En la víspera de la celebración se cree que cae una ligera llovizna porque los muertos lavan sus ropas para venir a la Tierra. Asimismo, se considera que los cazadores de venado no deben ir a la cacería, pues corren el peligro de dispararle al alma de algún "tirador" difunto; y las bordadoras de huipiles no deben trabajar en esos días, pues pueden coser la piel de algún muerto: A los niños recién nacidos se les anudan hilos de color negro en las muñecas para protegerlos de los malos espíritus que rondan en esos días. Las mujeres limpian muy bien las casas, y con agua y hojas de cinicote, lavan los banquillos, las mesas, jícaras y hamacas; los hombres, por su parte, barren los solares para que las ánimas no se encarguen de hacerlo. Para que los Pixanes acudan a recibir las ofrendas es preciso rezarles, quemar incienso, y entregar los alimentos con oraciones y rosarios de cinco a quince misterios, con cantos y letanías que se acompañan con música de serafina (armonio). Otomí de Acambay (Crónica) Cuando mis seres queridos se van, invade a la familia, amigos y vecinos un ambiente de tristeza marcado siempre por la evocación de recuerdos (casi siempre gratos) de las acciones que en vida realizara el que ya se fue. La tristeza, angustia y desesperación, forman parte de nuestra vida durante un tiempo, mientras asimilamos y aceptamos la perdida de nuestro ser amado. Todos sabemos en el pueblo que el día de muertos nuestros difuntos nos visitan, por eso es un día de fiesta, es como si llegara un pariente que se fue a trabajar fuera del pueblo. Hay que recibirlo como a él le gusta, así a nuestros muertos debemos recibirlos como a ellos les gustaba estar en vida. Los preparativos inician desde el día 31 de octubre, quienes esperan la visita de niñitos que murieron, han de preparar su altar con una foto, flores y veladoras chiquitas. A veces se ponen juguetes y dulces para que los niños lleguen a jugar y coman dulces. A los muertos grandes se les espera el día 2 de noviembre por la noche, para recibirlos se prepara un altar con flores, la fotografía del difunto y veladoras, estas son con la intención de que el espíritu del que visita no se pierda en el camino. En el altar se coloca la comida y la bebida que más le gustaba, además de poner dulce de calabaza o camote elaborado en la casa. Es conveniente poner mucho de cada cosa, por que cuando el espíritu se va debe llevar suficiente alimento y bebida para el camino. Los altares que por lo regular se ponen en el pueblo, siempre tienen tequila y/o pulque, salsa en molcajete, mole y frijoles. Es necesario adornar con muchos colores por que es el símbolo de que le estamos dando la bienvenida a nuestros muertos. El preparar el altar es la acción con la que se culmina el día de muertos, porque durante el día, la familia acude al panteón para llevar flores y limpiar la tumba donde descansan los restos de nuestros seres queridos, a veces se lleva comida, bebidas y música para convivir con quien ya no esta físicamente con nosotros, dicen los abuelos, que los difuntos saben que estamos ahí, y que ese día se les permite salir para que convivan con sus familiares y amigos. Es común también que en las iglesias se realicen misas especiales para los difuntos y se pida por el descanso eterno de sus almas. El día de muertos es un día de fiesta, porque nos visitan los que se fueron. |
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Las comunidades zapotecas celebran la fiesta tradicional de Día de Muertos los días 1, 2 y 3 de noviembre. Con este fin preparan alimentos como el guajolote, atole, caldo, champurrado, tamales, chayotes, dulces de chilacayote, tortillas, pan de la región y pan de figuras de animalitos.



