| CAMINANDO POR EL PASEO DE MONTEJO |
|
|
|
| Escrito por Yucatan | |
|
César González Rosado. Desde el avión próximo a aterrizar contemplo la ciudad de Mérida. Ya no es el panorama de palmeras y veletas que decía Pepe Guizar el compositor tapatío que le cantara. Se percibe hoy un panorama de innumerables torres de comunicaciones y algunas alturas modernas, en un fondo, si no de palmeras, sí de un hermoso verde esmeralda, me parece. A lo lejos la majestuosa catedral. La emoción me invade en los últimos minutos faltantes para llegar a mi tierra. Durante el recorrido en el automóvil rumbo a mi casa pido, como es mi costumbre, entrar por la calle 59 hacia la plaza grande, continuar por la calle 60 hasta Paseo de Montejo y de ahí por Cupules hasta Pensiones para sentir que efectivamente he llegado a Mérida. Comprendo que es un capricho dar tal rodeo, pero es emocionante volver a mi ciudad y caminar sus calles una y otra vez como eterno peregrino. Haciendo de cicerone, abordo en Santa Lucía acompañando a algunos amigos que no son paisanos un coche de caballo rumbo al Paseo de Montejo, la señorial avenida construida a semejanza de los Campos Elíseos de París o del Paseo de la Reforma de la ciudad de México. Lamentable es que la piqueta de la “modernidad” haya arrasado numerosas y tan bellas mansiones representativas de las tendencias neoclásicas y del renacimiento francés que la burguesía yucateca de las postrimerías del siglo XIX y principios del XX, cuando el auge henequenero, importara de Europa. Sin embargo el paseo conserva su encanto. Algunas mansiones han sobrevivido a la insensata destrucción de otros años, de tal modo que caminar por las banquetas de frondosos árboles y observar con cierto detenimiento las residencias es un placentero ejercicio cultural. Así, con la guía de un pequeño pero interesante libro “Cronología histórica y arquitectónica del Paseo de Montejo” de D. Carlos Cámara Gutiérrez, hice la competencia a los guías de turistas al explicar a mis amigos los pormenores de la avenida, además de comprender yo mismo, un poco más, parte de los misterios que Mérida esconde para los indiferentes. Entre las principales mansiones que se conservan pudimos admirar las siguientes; Casa Peón de Regil de estilo italiano, se caracteriza por su fachada en piedra labrada. Villa Beatriz, de arquitectura ecléctica y tendencia neoclásica. Casa Molina Duarte, mansión de estilo ecléctico, tendencia neoclásica y ornamentada con algunos elementos barrocos. Casa Vales de estilo neoclásico que combina la simetría en la fachada y la presencia de sobrias columnatas de características dóricas. Palacio Cantón, representante de la tendencia arquitectónica Manierista-Barroquizante que prevaleció de fines del siglo XIX a la primera década del XX, edificio que es el más conocido por los meridanos y que alberga el Museo de Antropología. Las casas Cámara al inicio del Paseo de Montejo con características del renacimiento francés. Casa Menéndez Molina, caracterizada por escalinatas de acceso, uso de balaustradas en los balcones, acodos en puertas y decorado con columnas dóricas, jónicas y/o corintias. Casa Mier y Terán Lejeune, de composiciones simétricas generalmente eclécticas revela el afán de adaptaciones arquitectónicas generadas durante las primeras décadas del siglo XX. Casa Peón Rivero, de estilo ecléctico con detalles arquitectónicos neoclásicos. La casa del Minarete, mansión que combina la arquitectura neoclásica propia del siglo XIX con un alto mirador de influencia morisca. Caracterizan también el Paseo de Montejo algunos monumentos de bronce, concreto o piedra esculpida, reflejos de la idiosincrasia de sus promotores: la estatua de D. Justo Sierra O^Reilly, literato e historiador yucateco y acendrado defensor de la clase socioeconómica a la que pertenecían los autores y gestores del Paseo de Montejo. Obra del escultor catalán Hondenden, fue previamente modelada en barro por el artista mexicano Jesús F. Contreras. Situada en el extremo norte de la avenida, fue inaugurada el 15 de enero de 1906. El monumento al gobernador socialista Felipe Carrillo Puerto, diseñada por el Arqto. Leopoldo Tommasi López e inaugurada en 1926, representa la antítesis ideológica de los fundadores del Paseo de Montejo y reflejo de las luchas sociales de principios del siglo XX en Yucatán. Está ubicada en la desembocadura de la calle 37. El Monumento a la Patria del escultor colombiano D. Rómulo Rozo situada en la glorieta del extremo norte de la avenida, es obra monumental esculpida en piedra e inaugurada en abril de 1956, en donde se representa y cuenta gráficamente parte importante de la historia de México. Conocí a D. Rómulo en su taller de escultura en la Escuela de Bellas Artes. Recuerdo su imagen sosteniendo con sus fuertes manos el martillo y el cincel ante sus alumnos, liberando golpe a golpe de la piedra, como Miguel Ángel, sus creaciones artísticas. La estatua de Gonzalo Guerrero padre del mestizaje en nuestro continente, fue forjada en bronce por el escultor Raúl Ayala. Se ubica en el extremo de la 3ª. Prolongación del Paseo de Montejo, -1981- en la salida a la carretera a Progreso. Obras todas ellas de elementos arquitectónicos y escultóricos que dan señorío a nuestra principal avenida de interesante y apasionada historia. El mejor modo de conocerla y disfrutarla es caminando por sus amplias banquetas, observando con el apoyo de información detallada turística o erudita, según interese, las configuraciones artísticas que le dan vida. Vale la pena hacerlo y es que se pasa tantas y tanta veces por el Paseo de Montejo sin que se sepa mucho de su significado y devenir. Algunas anécdotas y observaciones que narran los cronistas de la ciudad de Mérida salpican de curiosidades históricas nuestro recorrido. Así, el historiador D. Juan Francisco Peón Ancona nos habla de un Paseo de Montejo sin Montejo, pues no existe estatua alguna que recuerde estos importantes protagonistas de la historia de Yucatán, pues como Ud. sabe lector, existieron tres Montejos, el Adelantado, el mozo y el sobrino. El primero que inició la conquista de Yucatán, el segundo que la continuó y fundó la ciudad de Mérida el 6 de enero de 1542 y el tercero que fundó la sultana de oriente, es decir Valladolid. ¿En recuerdo de quien de los tres recibe su nombre el Paseo de Montejo? No se sabe, en todo caso debería de llamarse nuestra avenida Paseo de los Montejo. En Yucatán todo es Montejo: -continúa el cronista- Cerveza Montejo, sala de fiestas Montejo, Colegio Montejo, Fraccionamiento Montejo y sobre todo la Casa de Montejo en la Plaza Grande, aunque no exista estatua alguna que los recuerde, quizá porque perduren aún sentimientos anti-hispanistas. Alguna vez un gobernador trató de cambiar a la avenida el nombre de Montejo por el de Na Chi Cocom, el héroe de la resistencia maya contra la conquista, aunque a fin de cuentas perduró el nombre original. Así lo decidió la ciudadanía y así quedó, sin que ello signifique preferencia por lo hispano. En Mérida también se rinde homenaje a nuestro pasado indígena, recordemos que existen dos importantes avenidas con los nombres de nuestros ancestros mayas: Avenidas Itzaes y Cupules. Después de dos horas de disfrutar de tan amena caminata por las amplias banquetas del Paseo y a la sombra de los ramones y tamarindos testigos que fueron de mi niñez y adolescencia, decidimos un breve descanso para platicar nuestras impresiones tomando deliciosos helados de guanábana y coco, en conocida y tradicional sorbetería que forma parte del ambiente meridano. Naucalpan Mex. septiembre de 2005. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|











