| DON JUSTO SIERRA O· REILLY |
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| Escrito por Armandogonza1 | |
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Armandogonza1 En 1841 procuró sin mucho éxito organizar la alianza de los Estados de Yucatán y Tabasco contra el centralismo de Antonio López de Santa Anna. Fue diputado al Congreso de la Unión en dos ocasiones; la segunda en 1857, cargo que esta vez no llegó a ocupar. Perteneció a la Academia de Ciencias y Literatura, a la Sciedad Mexicana de Geografía y Estadística, al Instituto de Africa y a otras sociedades mexicanas y extranjeras. Nolte Blanquet dice de él: “Impresiones de un viaje a los Estados Unidos y al Canadá” es un importante y casi desconocido material…Este es un tema de gran actualidad en el globalizado mundo de hoy, como nos lo muestra claramente el nuevo interés por la literatura de viajes. El mexicano Justo Sierra O· Reilly es pues, no solo un novelista y periodista sino también un investigador social. “La hija del judío” y otras de sus novelas las escribió usando el anagrama de “José Turrisa” Unos pequeños fragmentos de su obra nos ayudan a mejor conocerlo: En el “Museo Yucateco”, tomo segundo, narrando graciosamente las peripecias de ese viaje en las diligencias que acababan de establecerse (1841) viajes. “ en los que los huesos sufren más que los músculos…”Los coches en efecto dice “son magníficos, fuertes, cómodos y construidos con el mayor esmero, lujo y elegancia; los caballos son vigorosos, robustos y jóvenes y bien tratados; las postas están muy proporcionalmente distribuidas para la carrera; los cocheros son hábiles y diestros en el manejo de las riendas, pues para desterrar cualquier viso de preocupación que pudiera existir en algunos jóvenes los empresarios mismos suelen echarse encima esta penosa y recia carga, que no deja de ser fatigante y a veces peligrosa. Pero el camino es verdaderamente infernal, no todo él, sino el trozo corto que media entre Campeche y el pueblo de Tenabo. A veces las piedras se hallan tan multiplicadas y erizadas, que el menor efecto que causan, es obligarlo a uno a hacer gestos y visajes tan raros, que provocan la risa del más grave y circunspecto viajero…” En 1906, se le levantó un monumento, con una estatua de bronce, a su memoria en el Paseo de Montejo de la Ciudad de Mérida. La efigie fue donada por el Sr. Edmundo Casares Martínez de Arredondo, e inaugurada por el hijo del homenajeado Lic. Justo Sierra Méndez, entonces ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes el 15 de enero de 1906 para recordar el 45 aniversario luctuoso de su padre. |
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