| EL CARNAVAL QUE VIENE |
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| Escrito por Yucatan | |
EL CARNAVAL QUE VIENE. César R. González Rosado. El carnaval tiene su origen posiblemente en fiestas paganas, como las del buey Apis e Isis en Egipto, las fiestas dionisíacas griegas, las bacanales y saturnales romanas o las fiestas celtas del muérdago. Precede a la Cuaresma, el periodo de ayuno y penitencia según la tradición cristiana, como preparación para la Pascua. El vocablo se deriva de la expresión latina carnem levare, ‘quitar la carne’, que alude a la prohibición de comer carne durante los cuarenta días cuaresmales. Tradicionalmente se deben celebrar durante los tres días llamados carnestolendas, -en estos tiempos ya son más- que preceden al Miércoles De Ceniza -recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás- comienzo de la Cuaresma en el calendario cristiano. Bailes de disfraces, máscaras y comparsas, desfiles de vistosas carrozas por las calles, así como banquetes caracterizan normalmente estas fiestas. El carnaval alcanzó su máximo valor artístico en Venecia, presidida por el dux y el Senado, y en los bailes de máscaras (como el de la Ópera de París a partir de 1715). Ahora tiene su mayor expresión popular y turística en el Carnaval de Río, Nueva Orleans, Niza y Santa Cruz de Tenerife. Las máscaras son quizá el vestigio de las fiestas de Baco y Cibeles. En México son famosos los carnavales de Veracruz, Mazatlán, Acapulco y el de Mérida que en las últimas décadas ha tomado relevancia por su organización y participación de hermosos carros alegóricos y comparsas que se distinguen por sus originales disfraces y bullanguería de moda. Lejos han quedado en nuestra ciudad aquellos carnavales degradantes de las décadas de los cincuentas y sesentas del siglo pasado cuando los “carros alegóricos” no eran más que simples camiones de redilas “adornados” con algunas palmeras o con simples ornamentos sin mayor importancia, en donde como sardinas se apretaban muchachos de la época, -pelafustanes les llamaban- que armados con tirahules, pixoyes y huevos podridos, armaban verdaderas batallas campales desde los desvencijados camiones que en carriles de dos sentidos desfilaban por las calles principales de la ciudad. Y los de a pie, que desorden, sin ningún respeto pintaban las caras de las personas pacíficas con polvo de azul añil para blanquear ropa, sin consideración alguna para nadie. Por fortuna esos tiempos quedaron atrás. Las autoridades municipales que siguieron se preocuparon por mejorar las cosas y desde la década de los setenta comenzó a mejorar la fiesta, hasta los últimos años que se goza de un carnaval de gran colorido, divertido y placentero. Digo esto porque el año pasado, después de algún tiempo de no presenciar un carnaval en Mérida, tuve la ocurrencia de venir a mi ciudad y gustar los días de carnestolendas que me parecieron muy amenos por la frescura y entusiasmo de los protagonistas y el respeto mutuo entre la ciudadanía que presenciaba los desfiles. Sin embargo no faltan los prietitos en el arroz.: Los puestos de comidas en Paseo de Montejo -aunque no todos- son verdaderas “emborrachadurías” ¿Será posible limitar el consumo de alcohol a través de impuestos adicionales o de disposiciones reglamentarias que controlen la venta excesiva, sin restringir las libertades de la ciudadanía? ¡El paseo de Montejo, nuestro orgullo meridano!: Con tristeza hemos observado el retiro de las esculturas que sobre-embellecen la señorial avenida ¿Qué pasa? Pregunté sorprendido. Alguien me respondió: -son los preparativos para el carnaval que se aproxima. Ya se dice de ubicar los desfiles fuera del Paseo de Montejo, son demasiados los daños que se ocasionan a la estructura, jardinería y residencias con valor arquitectónico por los miles de personas que saturan la avenida. ¿Cuándo será realidad un “sambodromo” como en Río de Janeiro, que bien podría llamarse “jaranadromo” o “Yucatandromo” en alguna otra avenida menos vulnerable de nuestra ciudad de Mérida, exclusivo para este tipo de festividades de alta concurrencia? Un día se hará realidad tan dulce sueño. Mientras tanto disfrutemos de nuestro carnaval 2008, con alegría, pero sin desmanes. Mail:
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