| LA BULITA-Remembranzas- |
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| Escrito por Yucatan | |
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César González Rosado. La llamaban Bulita, -de buúl, frijol en lengua maya-, por sus negros y brillantes ojos como de “xpelón” recién desgranado. Su tez morena tierra de la milpa y sus mejillas dibujaban dos graciosos “tuxes” cuando obsequiaba su sonrisa de blanca mazorca. Su largo cabello de seda caía con gracia hasta la cintura. Vestía de hipil, el traje de mestiza yucateca adornado con flores de variados colores bordados en xocbichuy. Niña maya Bulita, convergían en ella las mejores cualidades de su raza. En la escuela fue la primera en todo: En las asignaturas, a la hora de cantar acompañados por la “Nena Raigosa” la pianista de la escuela Montessori de Maxcanú, o de bailar la jarana. A la hora de los juegos la siempre solicitada por sus amigos. Era bilingüe, se expresaba con soltura en maya y en castellano. La habilidad de Bulita para el dibujo era prodigiosa: todos los días dibujaba paisajes, personas, animales, plantas, motivos mayas que salían de su imaginación y que plasmaba en el papel con armonía y delicado colorido. Con frecuencia se escuchaba: Bulita, ¿me haces un dibujo?... Generosa, Bulita regalaba sus dibujos entre sus compañeros de escuela. Su casa, una choza de paja y embarro pintada de blanco resplandecía con el Sol. Ahí vivía con sus padres campesinos. Con frecuencia la visitaban sus compañeros para hacer juntos las tareas escolares y después bañarse a cubetazos junto al brocal del pozo o subir a los árboles del patio para bajar anonas, zapotes y saramullos. Pero…Bulita tenía otra habilidad escondida, no muy congruente con sus dotes artísticas. Le gustaba el box, es decir, boxeaba. Sucedió que muy cerca de la escuela había una cordelería con una bodega con pacas de henequén, el piso cubierto de costales y un improvisado ring. Los cordeleros para divertirse organizaban por las tardes peleas con grandes guantes de box acolchonados. Algunos niños participaban en esa diversión y siempre hubo “chucherías” para los ganadores. Bulita se enteró de lo que sucedía en ese club de la cordelería exclusivo para varones y un día se presentó. La dejaron pasar. Observó con detenimiento algunas peleas y poco después, sin inmutarse, pidió que le pusieran los guantes al mismo tiempo que invitaba a alguno de sus compañeros para sostener un encuentro…La risa explotó a carcajadas por la ocurrencia. ¡Cómo! ¿Una niña boxeadora?…-¡No lo puedo creer!... Se escuchó una voz. Sin embargo ella insistió y no faltó un compañero que aceptara más con el ánimo de divertirse a costas de Bulita esquivándole los golpes, que con intenciones de boxear con ella. La expectación era grande. Alguien pegó con un fierro un pedazo de riel colgado a modo de campana anunciando el inicio de la pelea. Bulita alzó los brazos con los pesados guantes y se dispuso a la contienda. Su rival reía de buena gana moviendo los brazos y dando de brincos alrededor de la niña, cuando de pronto un soberbio golpe le detuvo la risa y uno más y otro también hizo que corriera dándose cuenta de que Bulita no solamente sabía estudiar, cantar, bailar y dibujar sino también boxear, antes de que recibiera un golpe final para rodar vencido sobre el sosquil apilado. El silencio siguió a la algarabía. La sorpresa del desenlace dejó mudos a todos, pues el adversario de Bulita era de los mejores boxeadores del grupo. ¿Qué había pasado?...con la mirada se interrogaban unos a otros. Sintiéndose humillado el niño se incorporó con desgano. Bulita se acercó, lo abrazó con fuerza y le dijo al oído: -gracias por haberte dejado ganar. En realidad yo no sé boxear, lo que pasó es que te confiaste demasiado y te dejaste caer para no pegarle a una niña. Eres todo un caballero y le beso en la mejilla. El niño se sintió reconfortado. Bulita alzó el brazo de su compañero como el verdadero triunfador de la contienda, le dio las gracias, al mismo tiempo explicaba, todo había sido para divertir a la concurrencia. En las milpas maduraron los elotes, las cosechas fueron abundantes…Los tiempos se *****plieron. Un día, como pájaros, alzamos el vuelo para traspasar los horizontes. Después… los años de ausencia tejiendo destinos…Un día, volví a mi pueblo para aliviar la nostalgia. Pregunté por Bulita a los amigos que permanecieron en el terruño… Dirigí mis pasos a la escuela Montessori. Ahí la encontré, absorta ante un grupo de niños, su vocación había fructificado, era maestra. Naucalpan Mex. septiembre de 2006. Vocabulario: Buúl: Frijol. Xpelón: frijol nuevo en vaina. Xocbichuy: bordado de hilo contado. Tux: (tush) hoyuelo de la cara. Chucherías: baratijas. sosquil: hilo de henequén. |
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