Armandogonza1 El sacrificio de los prisioneros recreaba el mito cósmico y fue clave en la ideología de los señoríos mayas, Michael Coe explica el gran cambio producido por los nuevos estudios de la civilización maya, a partir de que se descifraron los jeroglífico.
Ahora es sorprendentemente claro que los mayas de la época clásica y sus antecesores del Preclásico, eran gobernados por dinastías hereditarias de guerreros, para quienes el autosacrificio y el derramamiento de la sangre, y el sacrificio de la decapitación humana eran obsesiones supremas. Los mayas creían que el dios Chac habitaba en las profundidades del cenote y por eso se acostumbraba tirar guerreros, niños, jóvenes vírgenes con joyas valiosas y otras ofrendas, como parte de los sacrificios que buscan invocar a la lluvia Los mayas realizaban distintos tipos de sacrificios humanos: los ceremoniales y los destinados a celebrar la conclusión de una conquista: en este caso el gobernante o caudillo de la ciudad conquistada era humillado con la derrota y sacrificado, a veces de inmediato, y otras veces seguía un ritual de preparación para el sacrificio. En cuanto a los sacrificios ceremoniales, se creía que las princesas vírgenes eran ofrecidas, en especial en Chichén Itzá en su Cenote Sagrado, pero hallazgos arqueológicos en el fondo revelan que también eran sacrificados hombres, sobre todo niños. Edgard Thompson, negociante un tanto romántico, creyó haber rescatado entre joyas valiosas, los huesos de muchas vírgenes. A los 20 m. de profundidad con ayuda de dragas y buceos, se encontraron gran cantidad de ricas ofrendas rituales depositadas en el fondo : discos de oro repujado, cascabeles de oro, plata y cobre, joyas de jade, cristal de roca y ámbar, objetos esculpidos en hueso y en nácar, cráneos deformados, dientes mutilados, así como los esqueletos de trece hombres, ocho mujeres y veintiún niños de entre uno y doce años, que debieron ser sacrificados a Chac, dios de la lluvia, en tiempos difíciles ( hambrunas, sequías, epidemias, derrotas bélicas) Durante las épocas de sequías acudían peregrinos de todo el orbe maya a rogar al dios de la lluvia el cese de la calamidad. Hasta ahora, los arqueólogos creían que las víctimas de los sacrificios eran doncellas vírgenes, porque los restos fechados entre aproximadamente el año 850 después de Cristo y la conquista, eran adornados con joyería de jade. Los sacerdotes mayas de la ciudad de Chichón Itzá, en la península de Yucatán sacrificaban niños arrojándolos a los cenotes para pedir a los dioses lluvia y campos fértiles. Algunos eran despellejados antes de ser ofrecidos a los dioses. De los 127 esqueletos que el arqueólogo Guillermo De Anda ha logrado reconstruir, a partir de los huesos rescatados del cenote entre los años 1961 y 1967, el 79% pertenece a infantes de entre 3 y 11 años y el 21 % restante a adultos, en su mayoría hombres. Mérida, Yucatán |