| NADIE SE MUERE EN LA VÍSPERA. -Un cuento para el Día de Muertos-. |
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| Escrito por Yucatan | |
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César González Rosado. Si Bruno Todos los Santos hubiera sabido con certeza que esa tarde lo iban a matar, de todos modos no habría hecho nada para evadir a la parca. “Nadie se muere en la víspera”, solía decir cuando escuchaba hablar de la muerte haciendo alusión a lo inexorable del destino. Sin embargo su novia Benita le pidió que no acudiera a una cita de negocio que tenía, pues un presentimiento la atormentaba: -Bruno, le dijo, anoche tuve un sueño muy feo, tu retrato estaba colocado en el altar de los muertos. -No te preocupes, la tranquilizó, “Nadie se muere en la víspera”. Bruno no tenía asuntos sospechosos que le hicieran temer algún atentado contra su vida, así es que con toda confianza acudió a la reunión con un cliente de su negocio. Durante el trayecto un desafortunado incidente de tránsito lo puso enfrente de una persona posiblemente trastornada de sus facultades mentales. En la discusión sobre quien se había tenido la culpa del choque, repentinamente la persona sacó una pistola y le pegó un balazo en la cabeza…Bruno fue recogido por la ambulancia gravemente herido y fue conducido al hospital de la Cruz Roja. A Benita le avisaron…, presurosa corrió al hospital para ver a su novio. Una enfermera le indicó que había fallecido. Lo encontró en la morgue cubierto con una sábana blanca de los pies a la cabeza y una etiqueta con su nombre en el dedo pulgar de un pie. Ya no pudo verlo por última vez, la regresaron a su casa por una crisis nerviosa que la mantuvo postrada durante muchos días bajo cuidados médicos intensivos, por lo que no le fue posible acudir al sepelio. Llegado el día 2 de noviembre, Benita triste y acongojada instaló un altar de Muertos. Ofrendó las bebidas, las viandas y los dulces que más gustaban a Bruno, adornó el altar con flores amarillas y papel de china troquelado, prendió velas, las parpadeantes llamas dejaban ver en la penumbra el desfile de las ánimas que llegaban. En medio de la ofrenda puso la mejor fotografía de su difunto. Quemó incienso y las perfumadas emanaciones obnubilaron su pensamiento…deseaba encontrarse con Bruno en el misterioso mundo de los muertos. Se dispuso a rezar el rosario. Absorta estaba en sus oraciones, cuando de pronto vio una mano que cogía la fotografía de Bruno y la retiraba del altar…Presa de la emoción, convencida del encuentro con su amado en el interregno de la vida y la muerte, unos brazos la confortaron y una voz amorosa le dijo… ¡No te asustes Benita, soy yo, Bruno!... ¡Nadie se muere en la víspera! |
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