|
PANCHO CULEBRAS -Crónica de un hecho real…y de misterio- César González Rosado. Pancho culebras, joven campesino de 20 años, llegó al hospital una tarde después de tres horas de fatídico viaje de su pueblo Maní a la ciudad de Mérida, en extrema gravedad por mordedura de serpiente de cascabel. Le acompañaba la misma serpiente muerta por las mordidas que el propio Pancho le ocasionó, en singular combate a dentelladas.
Al sentir Pancho el agudo dolor que le ocasionó el ofidio en la pierna, la atrapó con toda la fuerza de sus dos manos y a mordidas también -de acuerdo con la creencia popular de que así se contrarrestaba el mortal efecto del veneno- casi la descuartizó. Sin embargo, la serpiente antes de sucumbir, logró clavar sus venenosos colmillos un par de veces más en el rostro de nuestro amigo. Desahuciado, la fiebre le atormentaba. Su pierna derecha amoratada, hinchada y el rostro tumefacto, presagiaban un triste final del joven, a pesar de que los médicos le habían administrado ya la dosis de suero anticrotálico que se usaba en estos casos. Entonces, Pancho invocó a "La Reina" y le rogó que lo salvara de la muerte. Años antes Pancho Kan, niño Maya de 10 años, escuchó por entre las piedras cubiertas de bejucos un extraño sonido, "…shsssss…" que se interrumpía por momentos para volver a sonar con más fuerza conforme él avanzaba en la deshierba. Precavido, suspendió su tarea y acudió con su tío para contarle lo sucedido. Su tío le respondió que tuviera cuidado, que seguramente se trataba de la "cascabel", serpiente de mortal veneno, a la que en los viejos tiempos el pueblo Maya había rendido culto y que podemos verla en las piedras labradas de Uxmal y Chichén Itzá. Pancho y su tío, machete en mano, regresaron al lugar en busca de la serpiente. Sonando su cascabel anunciaba el reptil su peligrosa presencia, advirtiendo a los intrusos que se alejaran. Sin embargo, ellos siguieron buscando, hasta que a una corta distancia encontraron un bello ejemplar de serpiente de cascabel de dos metros de largo, que preparaba, irguiéndose en eses y sonando amenazadora la punta de la cola el mortal ataque. La piel, adornada con geometrías caprichosas, brillaba esplendorosa a los rayos del sol de mediodía y su bifurcada lengua, detectaba con facilidad la presencia de los que interrumpían su descanso. El reptil lanzó un primer ataque fallido de advertencia, que por unos centímetros no mordió al tío. -¡Ya verás, ya verás, como te atrapo!, respondió con enfado el tío. -Pero no la vas a matar, ¿verdad?... Interrogó el niño. -No, no, que va, a una Reina… no se le mata. -¿Una Reina?... Preguntó Pancho con sorpresa. - Si…si…es una Reina. Aquí entre los mayas lo sigue siendo, como en los tiempos idos. El tío cortó del árbol del chacáh un largo palo que acercó a la enfurecida serpiente, cuyos colmillos en un segundo ataque se clavaron quedando atorados en la suave madera de la vara. Un amarillento líquido escurrió de entre las terribles fauces, mientras la cascabel coleteaba con fuerza sin lograr librarse de la trampa que le habían tendido. Entonces, el tío, extremando precauciones la atrapó por la cabeza, con sumo cuidado liberó a la serpiente para no lesionarla y la depositó en un sabucán de henequén que cerró con cuidado. Construyó una amplia y hermosa jaula con madera y tela de alambre. La dotó de paja, de dos grandes piedras asentadas sobre tierra para el descanso de la serpiente, vasija para agua y plato para los alimentos. La decoró artísticamente con ornamentos Mayas y puso en el frente de la jaula un vistoso letrero que decía: "La Reina." En su escuela, Pancho Kan narró lo sucedido y presurosos tanto el profesor y los niños sus compañeros, acudieron a conocer a la soberana de los caminos del Mayab, que en su nueva morada no lucía tan esplendorosa y arrogante como el día de su captura. Aunque su belleza cascabelina no tenía par, sus pequeños ojos vidriosos reflejaban un dejo de tristeza. Sin embargo, seguía siendo imponente contemplarla. Los niños festejaron alborozados la aventura de Pancho y le pusieron de apodo Pancho culebras. A él le pareció gracioso el mote, lo aceptó de buena gana y hasta el mismo se presentaba con su nuevo nombre. Un día llegaron al pueblo unos Biólogos investigadores de la Universidad, quienes se habían enterado del hermoso ejemplar de cascabel de Pancho con intenciones de comprársela para extraerle el veneno y experimentar la obtención de un nuevo suero contra mordeduras de serpientes, que cobraban muchas víctimas entre los campesinos. No la vendió, la dio en préstamo para que la "ordeñaran" algunas veces, así es que a "La Reina" se la llevaron a la ciudad para prestar valiosos servicios a la medicina. Al cabo de algún tiempo fue devuelta y en premio, Pancho culebras y su tío decidieron ponerla en libertad. La soltaron por las veredas del monte, en donde presurosa, "La Reina", sonando su cascabel, se perdió en la espesura de los matorrales. Pasaron algunos años, Pancho culebras ya joven siguió la tradición campesina de su familia, dedicándose a sembrar su milpa y a cultivar un huerto de frutas tropicales que le rendían muy buenas ganancias. Cierto día, cuando chapeaba, sintió un fuerte dolor en la pierna y se dio cuenta que había sido mordido por una serpiente de cascabel… y ese fue el motivo, ya se dijo, por el que Pancho culebras llegara grave al hospital. La invocación de Pancho dio resultado: En la noche, escuchó el sonido …shsss… de la cascabel y vio el largo cuerpo de "La Reina" que se deslizaba sobre las sábanas. Se enroscó sobre el vientre de Pancho, le miró con sus ojos hipnotizantes, agitó con rapidez la bifurcada lengua, sonó su cascabel y le dijo: -No te asustes, vengo a decirte que no te vas a morir, los doctores te han curado con mi propio veneno, el mismo que siguen obteniendo de mí para hacer el suero y agregó: mi hermana que te mordió en realidad no quiso hacerlo, es su naturaleza, tú la pisaste, es su defensa. No debiste matarla, la hubieras capturado, como hicieron conmigo para proveerles de veneno para el suero. Cuando camines por tu milpa, fíjate bien por donde, pon más cuidado. Dicho esto, la serpiente se desvaneció en la penumbra. Al día siguiente le bajó la fiebre y Pancho se sintió aliviado. Disminuyó la hinchazón y desapareció el color violáceo de su pierna y rostro. Contó la visita de "La Reina" y los médicos y enfermeras, sorprendidos por la recuperación…le creyeron. Pancho culebras regresó completamente restablecido a su pueblo y su experiencia fue motivo de tertulias en la que sus compañeros campesinos le escuchaban con gran interés y admiración por su aventura. Sin embargo, la gente del pueblo comenzó a verle como una persona rara, como un "caput cuxtal" -reencarnación- de las serpientes, pues haber sobrevivido a tan mortales mordeduras en tan feroz combate como se da entre esos reptiles, no era cosa normal. Les parecía realmente extrañó y sospechoso, además de que su apellido Kan, que quiere decir culebra en Maya, era sugerencia de afinidad. Se le ocurrió una idea para demostrar que a las serpientes no había que tenerles miedo, sino prudencia. Se dedicó a atraparlas aplicando la técnica del palo de chacáh que le enseñó su tío y aunque algunas otras mordeduras sufrió ya el veneno no surtió su efecto, a no ser por algunas molestias menores que solucionó con hierbas medicinales. Con diferentes especies de culebras construyó un serpentario para extraer suficiente veneno y elaborar el suero en el mismo pueblo, con ayuda de las autoridades y de los doctores de la clínica de Salubridad. Así, a los accidentados por mordeduras de serpientes no les quedaría tan lejos el auxilio. Algún tiempo después comenzó a aplicarse el suero, que por su oportunidad salvó muchas vidas. Los habitantes de la comunidad comprendieron que la sobre vivencia de Pancho no era un misterio del más allá, sino de los avances de la ciencia médica y se volvieron más amables con él. Tan agradecidos quedaron que empezaron a tratarlo con mayor respeto y admiración: A partir de entonces se dirigieron a él como el Dr. Pancho Culebras. Un día muy temprano, al despertar, Pancho vio que en cada uno de los brazos de su hamaca estaban enredadas dos enormes serpientes. El susto no fue para menos, aunque, no hubo amenaza de ataque alguno. Las serpientes dócilmente se dejaron atrapar y las llevó al laboratorio. Lo extraño, es que este hecho comenzó a suceder cada cierto tiempo, a tal grado que ya no fue necesario entramparlas… Pancho se acordó de la visita de "La Reina"…!Un escalofrío le estremeció! Instintivamente caminó hacia el monte, penetró por las veredas. Una voz interior le dijo: Sigue tu camino Hombre Culebra. Las serpientes abandonaron la hojarasca para dejarlo pasar…Pancho Culebras siguió su camino por los eternos senderos de los montes del Mayab. Mérida Yuc. mayo de 2005. Mail:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
|