| Doña Juanita |
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| Escrito por Yucatan | |
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Se escriben tantas biografías de personalidades diversas, chismes y acontecimientos tan vanos, cuando hay hazañas y vidas tan interesantes por contar...
Este es el caso de Doña Juanita, tal vez muchos tengan la dicha de conocerla, puede estar en el mercado “San Benito”; por las calles del centro o subiendo y bajando, a duras penas de los camiones; puedes encontrarla en cualquier parte de la ciudad para ella no existen distancias ni cortas ni largas todas son duras. Doña Juanita es un personaje sin igual. Su aspecto es de una anciana con la piel curtida por el sol y arrugada por los años, los cabellos blancos enmarañados y mal atados con una peineta. Viste siempre un huipil que se resbala por sus delgados hombros pero que se sostiene en su vientre inflamado no por gordura. Una amplia sonrisa dibujada siempre en su boca deja ventilar su escasa dentadura. Es de corta estatura y la sostienen dos piernas débiles y deformes las cuales arrastra, ayudada por un burrito ortopédico y sus dos brazos dolidos, chuecos y callosos por el constante deambular. No la detiene ni la lluvia ni el sol pide su limosna y agradecida obsequia fruta o flores, que aunque a veces llegan ya marchitas por su peregrinar son hermosas por el hecho de ser flores. La hace feliz un rato de platica, el ser escuchada aunque poco se le entienda y reír con ella sin importar de qué. Se sienta a duras penas y con mucho dolor, pero siempre disfruta de un buen refresco para retomar las fuerzas y continuar su andar. Puede estar enferma para aquellos que la vemos con nuestros ojos impregnados de malestar por el cotidiano ir y venir de nuestra cansada vida esclavizada por el dinero, el trabajo y las presiones constantes. Pero Juanita es feliz con lo poco o mucho que tiene: una casa de cartón, dos piernas que la sostienen, salud que sobrelleva con lucha y un hijo minusválido al que alimenta a duras penas Admiro lo que en ella hay, siempre alegre con una historia nueva para contar. No me entristece su vida ni su constante peregrinar, me duele su despedida. Hace unos días al visitarme platicamos y reímos como cada mes lo hacemos, pero esta vez se despidió con un “Adiós” el cual regularmente era un “Nos Vemos”. Juanita solo me dijo –“Adiós niña , estoy cansada, me voy con el huracán Emily! Hay tanto en esta vida que admirar y agradecer pero el tiempo no nos alcanza para mirar a nuestro alrededor y ver más allá de nuestras preocupaciones y ocupaciones. Todo esta tan al alcance de nuestras manos que no hay premio que valga la pena sin esfuerzo, es por eso que vivimos quejándonos de nuestras vidas, de nuestro cansancio por el constante andar y pensar . Estamos siempre enojados y tristes, tan vacíos y hartos del tedio. Lo que realmente necesitamos es dejar de tener para valorar lo poco que se pueda obtener con esfuerzo y dejar de pensar para actuar por el bien de la humanidad. PKE KIRA |
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