| EL MIEDO DE LOS RICOS |
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| Escrito por PERLA | |
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EL MIEDO DE LOS RICOS Un domingo, cierto sitio de internet, trajo esta cita de Paulo Freire: "el mundo está dividido entre quienes no duermen porque tienen hambre y quienes no duermen por temor de los que tienen hambre". Pensamos que así ha ocurrido desde los orígenes de la humanidad. En los templos-fortalezas que construían en la antigua Grecia y luego en Roma, se depositaban las riquezas de menores, viudas y de cuantos querían asegurar su fortuna bajo la custodia de las divinidades del politeísmo y de sus representantes terrenos. Salteando siglos, ese temor superlativo y obsesionante en los ricos, lo vimos durante la Guerra Fría, en aquellos años cuando las guerrillas izquierdistas proliferaban por el mundo y la Unión Soviética era una gran potencia. La preocupación era evidente y los millonarios no dormían pensaban qué hacer cuando les alcanzara la revolución para "salvar" sus riquezas o buena parte de ellas. De esa época viene aquello de una "señora gorda" sentenciando: "¡Ah, yo me voy a la estancia!". Para los millonarios más exquisitos (y temerosos) se editaba en Estados Unidos una revista, solo para suscriptores, llamada "Isle". Se dedicada a brindar consejos de seguridad y recomendar lugares para turismo exclusivo y garantizado, donde nadie podía ser molestado ni identificado. Asignaba índices de valores, desde lo que debía evitarse y las zonas de reposo "en vías de decadencia" porque comenzaban a hacerse populares. Los sitios recomendables, aunque parezca extraño, incluían uno sorprendente: Dubrovnik, en el Mar Adriático, en la costa croata de la entonces Yugoslavia comunista (aunque no tanto e independiente de Moscú). Hay diversos ejemplos de las estratagemas personales de millonarios miedosos. Una consistía en viajar o tener siempre a mano un valioso yate cargado con obras de arte, metales preciosos y divisas variadas. No era por excentricidad o manirrotos que construían en oro las cañerías y otras instalaciones de la embarcación. En caso de apuro, "si avanzaban los revolucionarios en países capitalistas", subían a su barco y se dirigían a otro lugar seguro del planeta con algo de su fortuna. Existen varios casos en que no llegaron a usar sus barcos como escape de las zonas de peligro comunista. Aristóteles Onasis, poseía el famoso yate "Cristina", el más grande y fastuoso del momento, que transportaba una buena fortuna. Finalmente murió en una cama del Hospital Americano de París. Su cuerpo está congelado. Algo similar ocurrió con el multimillonario español March, enriquecido con sus negocios junto a su amigo el Generalísimo Franco, quien le adjudicó el monopolio del tabaco, entre otras gangas. Tampoco alcanzó a utilizar su lujoso barco, pues murió en un vulgar accidente de tránsito, dentro de un auto blindado. Otro ejemplo de mitad del siglo pasado fue el del político y economista catalán Francisco de Asís Cambó. Vivió varios años en Buenos Aires como Presidente de la CADE, la poderosa empresa de electricidad. Tuvo un yate llamado "Catalonia" que exteriormente tenía el aspecto de un vulgar y despintado barco de carga. Los tripulantes de cubierta vestían simples ropas de trabajo. A la vista de los curiosos, nada hacía pensar en las riquezas que encerraba, especialmente en obras de arte clásicas de gran valor. Murió del corazón en su enorme piso de la Avenida del Libertador. Muy piadoso (no hay millonario ateo), en su testamento dejó instrucciones para que se le hicieran 1.000 misas por su alma. Otro personaje curioso fue el banquero de múltiples nacionalidades pero nacido en el Líbano, Edmond Safra, uno de los hombres más ricos del mundo. Vivía temeroso de su salud (padecía Parkinson) y también por su seguridad pues había tenido amenazas y acusaciones penales por supuestos negocios con el lavado de narcodólares y la mafia rusa. Se había atrincherado en una verdadera fortaleza computarizada en Mónaco con 8 enfermeros y médico personal permanente, custodiado por un equipo de veteranos expertos israelíes. Al fin murió misteriosamente durante un incendio provocado en su residencia, el 3 de enero de 1999. Los bomberos lo encontraron muerto por asfixia, junto a una enfermera, encerrados ambos en un cuarto de baño con puerta blindada como en la caja fuerte de un banco. Es de suponer que poseía relaciones amistosas (o financieras) con diversas empresas y familias argentinas, por la cantidad inusitada de avisos fúnebres aparecidos en medios de Buenos Aires durante una semana. "Si en alguna provincia ves que se oprime al pobre, y que a la gente se le niega un juicio justo, no te asombres de tales cosas; porque a un alto oficial lo vigila otro más alto, y por encima de ellos hay otros altos oficiales. ¿Qué provecho hay en todo esto para el país? ¿Está el rey al servicio del campo? Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo! Donde abundan los bienes, sobra quien se los gaste; ¿y qué saca de esto su dueño, aparte de contemplarlos? El trabajador duerme tranquilo, como mucho o coma poco. Al rico sus muchas riquezas no lo dejan dormir" Eclesiastés 5:8-12. |
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